Que la ciencia te acompañe

Por amor a la Física

Por amor a la Física de Walter Lewin

Cuando empezaron a enseñarnos ciencias en el colegio y más tarde en el instituto, los profesores nos hablaban de cosas como la luz, la electricidad o el magnetismo, pero todo quedaba en un plano tan abstracto que costaba pasar más allá de fórmulas, problemas y ejercicios. En algún momento de mi vida, y en la de muchos otros adolescentes, perdimos la conexión entre la grandiosidad de la ciencia y los fenómenos reales, entre aquellos montones de pedagógicos ejercicios con los que llenábamos los cuadernos y algunas hojas sueltas.

Los que tuvieron un profesor parecido a Walter Lewin, quizá corrieron otra suerte. Este astrofísico de pasó 43 años de su vida dando clases en el MIT y transmitiendo la pasión por la Física a sus alumnos. Los vídeos de sus clases lo han convertido en una especie de leyenda y son utilizados por profesores de todo el mundo para intentar transmitir esa pasión a los estudiantes.

En el libro, Por amor a la física, Lewin da respuesta a decenas de curiosidades sobre la ciencia, como por qué los arcoíris son curvos y no rectos o por qué solo vemos auroras en los polos, pero revisa también algunos de los aspectos más tristes de su biografía, como la forma en que el régimen nazi asesinó a buena parte de su familia. Al mismo tiempo, es capaz de resumir con una sencillez asombrosa algunos conceptos bastante complejos de la Física y de contagiarnos de la felicidad de cada pequeño descubrimiento.

“Saber los nombres de las cosas”, insistía Richard Feynman, “no significa saber lo que son”. Y éste es el espíritu de cada enseñanza de Lewin. El libro se divide en dos partes, en las primera resume muchas de las lecciones que dio en sus clases del MIT, salpicadas con anécdotas personales de sus viajes por Europa, su infancia y los consejos de su abuela. En la segunda parte recuerda su labor como astrofísico y pionero en la astronomía de rayos X. Aunque se trata de una materia bastante más compleja (estrellas de neutrones, discos de acreción y agujeros negros), su talento para divulgar es tal, que consigue transmitirlo con la misma sencillez que las lecciones de Física más elementales.

Al final de las 300 páginas, uno tiene la sensación de que más que ante un libro está ante un verdadero regalo. El legado de Lewin quedará para siempre en manera de hacer comprender la ciencia a los que se acercan a ella.

Por amor a la Física. Walter Lewin

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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