Un microscopio de Leeuwenhoek y su historia rocambolesca

Leeuwenhoek es un científico tan desconocido como el lugar de la Luna donde se encuentra el cráter de impacto que lleva su nombre, en el hemisferio sur de su cara oculta. Pero la historia de cómo uno de sus microscopios llego a ver la luz seguro que nos emociona y nos sorprende. Vale dedicarle unos minutos… (observa la forma de los microscopio no tienen nada que ver con los actuales).

Leeuwenhoek un científico autodidacta que fabricaba sus propias lentes que revolucionó el campo de la ciencia en el siglo XVII, gracias al diseño de microscopios que incrementaban de 4 a 300 los aumentos, consiguió logros impresionantes para la época. Esos microscopios le permitieron realizar excepcionales observaciones del mundo microbiano, “convirtiéndose en el precursor” de la microbiología y la parasitología, con hallazgos que tardaron dos siglos en ser corroborados por técnicas más avanzadas.

El científico, vendedor de telas de profesión, diseñó alrededor de 600 microscopios, pero se destruyeron la mayoría de ellos. Por ese motivo, en el mundo solo se conservan 10. Uno de ellos expuesto (2017) en el Museo de Atapuerca, BurgosSe trata de una de las lentes más antiguas del mundo y la única que ha conseguido la autenticidad al 100 por 100, propiedad de Tomás Camacho, que lo adquirió por 50 euros, en una subasta en la web, pensando que podía tratarse de una réplica, aunque sospechando que, por sus acabados y diseño, fuese una creación artesanal del genial Leeuwenhoek.

Se sabe que los aparatos que no satisfacían al vendedor acababan en el canal que orillaba su casa en Delft, Holanda. En el lodo de ese río acabó durmiendo 300 años el microscopio que un curioso encontró después de que drenaran el canal. Lo colgó en Ebay junto a otros utensilios y lo describió como un utensilio “de pintura”. “Obviamente no sabía lo que tenía“… es como si La Gioconda saliera a subasta en internet“, señala Camacho. La suerte quiso que todo un experto como él, que tiene una colección de 220 microscopios, viese en la pieza un posible Leeuwenhoek.

El médico vigués, Tomás Camacho, lo compró por un precio ridículo, cuando su valor es incalculable … y de esta forma el artefacto viajó en el espacio-tiempo directamente del siglo XVII al siglo XXI.

Leeuwenhoek, fue probablemente la primera persona en observar bacterias y otros microorganismos. En una carta fechada el 7 de septiembre de 1674, evoca por primera vez las minúsculas formas de vida que observó en las aguas de un lago cerca de Delft, Holanda.

No fue el primero que observó un espermatozoide, fue la primera persona que los reconoció. Algo casi más importante que el simple descubrimiento. En 1677, un estudiante de medicina llamado Johan Ham le comentó que había visto unos pequeños ‘animálculos‘ en el semen. Ham pensaba que esos pequeños animales eran fruto de la putrefacción del líquido seminal. Leeuwenhoek, al contrario, supuso que se trataba de un componente habitual del semen y realizó la primera descripción detallada de los espermatozoides.

También es conocido por su oposición a la teoría, por aquel entonces en vigor, de la generación espontánea.

 

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